Review – The Legend of Zelda: Ocarina of Time

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Clásico de clásicos

¿Qué es un clásico? A lo largo de más de 50 años, la industria de los videojuegos nos ha entregado miles de títulos que han conquistado el corazón de millones de jugadores por sus historias o mecánicas. Algunos de estos han contribuido de forma sustancial al crecimiento de este medio y sus géneros, ya sea estableciendo conceptos que eventualmente serían refinados o gozando de un impacto cultural que incluso personas fuera de este mundo conocen. Sin embargo, solo un grupo destacado goza de un estatus de “clásico”. Estamos hablando de obras de arte que han logrado trascender los confines de su cartucho o disco, creando un vínculo inquebrantable con los jugadores; por lo que la idea de hacerle un remake a estos trabajos es más difícil de lo que muchos podrían pensar.

En 1998, los usuarios del Nintendo 64 recibieron The Legend of Zelda: Ocarina of Time. Considerado por muchos como el mejor videojuego de todos los tiempos, el trabajo de Toru Osawa, Eiji Aonuma, Yoshiaki Koizumi, Shigeru Miyamoto, Kenzo Hayakawa, Kensuke Tanabe, Koji Kondo y muchos desarrolladores más fue un parteaguas para las aventuras en 3D. El viaje de Link a través del tiempo conquistó a millones de jugadores gracias a su cautivadora historia, magnífico mundo y enganchete sistema de combate. Rápidamente, esta entrega se posicionó como algo que todos, sin importar qué consola tenían, debían experimentar. Han pasado casi 30 años desde el momento que cambió por completo la forma en la que una generación veía este medio y, como sucede en estos casos, un remake ha llegado para intentar hacer lo mismo con el público más joven.

En medio de un periodo dominado por Grand Theft Auto VI, Nintendo es el único capaz de enfrentar cara a cara el trabajo de Rockstar con un remake de The Legend of Zelda: Ocarina of Time, algo con lo que muchos jugadores habían soñado por años. Sin embargo, basarse en la definición perfecta de un clásico no es garantía de éxito y, para algunos, este tratamiento es innecesario, aunque también es cierto que esto permite que nuevas generaciones disfruten de esta aventura con una serie de actualizaciones que demuestran que los últimos 28 años no pasaron en vano. ¿El remake de The Legend of Zelda: Ocarina of Time ofrece algo más que solo una mejora visual? ¿Acaso la magia de la versión original sigue presente? Descubre las respuestas a estas y más interrogantes en nuestra Atomix Review.

El Héroe del Tiempo 

La historia de The Legend of Zelda: Ocarina of Time es icónica. Si bien el esqueleto de esta entrega toma como base lo que vimos en A Link to the Past, también es cierto que el título de 1998 expandió de forma sustancial la mitología de la serie y nos presentó una aventura mágica que, en su momento, se sentía inmensa. Ahora, el remake no cambia esto. La misma travesía que recordamos sigue presente aquí y, si bien hay varios elementos que elevan la narrativa, este es aún el viaje que muchos recordamos con cariño.

En medio del bosque Kokiri, Link, un joven sin hada, tiene pesadillas que apuntan a un destino siniestro para la tierra de Hyrule. Para evitar que sus sueños se hagan realidad, nuestro héroe se embarca en una aventura a lo largo de este mundo para detener a Ganondorf, el malvado rey de los Gerudo que busca la legendaria Trifuerza, y ayudar a Zelda, la princesa que desea evitar un futuro catastrófico. En su travesía, el protagonista conoce a diferentes aliados y viaja en el tiempo para ponerle fin al caos que el antagonista principal ha ocasionado en esta hermosa tierra.

The Legend of Zelda: Ocarina of Time nos ofrece una historia simple de seguir, pero que es muy efectiva al presentarnos un vasto mundo lleno de personajes memorables. Aunque es cierto que el título entra en un ritmo en donde Link llega a cierta zona, resuelve el problema que aqueja a cierta población y repite este proceso hasta llegar a Ganondorf, los eventos que aquí transcurren cuentan con la suficiente variación para que cada ciclo sea entretenido. 

Cada sección en el juego es famosa por introducirnos personajes memorables o darnos la oportunidad de explorar zonas que hasta el día de hoy todos recordamos con cariño. Desde los Gorons en Death Mountain, pasando por la prisión de los Gerudo, hasta el pozo de Kakariko Village, el cual alberga un oscuro secreto. Lo mejor de todo es que el título también le da el espacio suficiente al jugador para que sea capaz de crear su propia aventura dentro del marco de esta gigante obra de teatro. Aún recuerdo la primera vez que llegué al Spirit Temple usando la canción de las tormentas para tener un segundo de visibilidad que me indicara el camino a seguir en el desierto.

El trabajo de Nintendo logra resaltar no solo por ofrecer una aventura memorable llena de personajes carismáticos y eventos que venden a la perfección la escala de una aventura épica, sino que también nos presenta pequeños momentos que se quedan en la mente de todos aquellos que recorren el Hyrule Field, descubren minijuegos en Kakaroto Village o encuentran a un pequeño Skull Kid que desea tener a un amigo con quien tocar música. Claro, muchos de los elementos que aquí encontramos se originaron en A Link to the Past, pero Ocarina of Time no es un refrito, sino una reinterpretación y evolución de estos conceptos, los cuales a su vez fueron empleados por futuras entregas. 

Todo esto se mantiene intacto en el remake de The Legend of Zelda: Ocarina of Time. Esta versión aún conserva la escala de la aventura, los personajes carismáticos y los escenarios memorables. Sin embargo, no vemos algo completamente nuevo. Claro, hay un par de modificaciones menores en el guion, y la mejor presentación visual y sonora eleva de forma sustancial los eventos que aquí transcurren, pero este es el mismo viaje que muchos vivimos hace casi 30 años, y no hay algo de malo con eso.

Si bien es cierto que había espacio para incluir guiños a futuras entregas o ligar de mejor forma algunos aspectos temáticos con el resto de la serie, no había necesidad de esto. Sin embargo, sí es muy fácil notar la simplicidad que el equipo original tomó con ciertos elementos y la estructura narrativa, algo que probablemente solo será perceptible para los veteranos. Esto también significa que el juego aún camina una delgada línea entre la sensación de aventura y descubrimiento espontáneo que muchos aman, y el camino establecido de esta puesta en escena. 

La interesante será ver cómo es que un público más joven, el cual solo ha jugado Breath of the Wild y Tears of the Kingdom, conectará con lo que Ocarina of Time tiene para nosotros. Tanto el trabajo original como el remake nos presentan un viaje muy bien definido que, a primera instancia, puede ser muy sencillo, pero obtiene cierto nivel de complejidad conforme interactúas con los personajes que habitan este mundo y te das el espacio para perderte en su atmósfera. 

El remake de The Legend of Zelda: Ocarina of Time nos sigue presentando el mismo viaje memorable que todos recordamos. Las actualizaciones al guion son menores, por lo que la esencia de las conversaciones y los eventos que aquí transcurren no cambian de forma notable. Por un lado, había espacio para agregar algo nuevo, pero también es cierto que este trabajo conserva de buena forma todo lo que hizo especial al título de 1998, elevando múltiples escenas con cinemáticas más dinámicas y voces que le dan vida a cada personaje de una forma que solo era un sueño en su momento. Esta sigue siguiendo la aventura más icónica de Link y, similar a la canción del tiempo, muchos regresarán al pasado que tanto recuerdan.

Puesta en escena 

Mucho ha cambiado desde 1998. Lo que en su momento fue punta de lanza en cuanto a tecnología 3D, hoy en día es visto como algo arcaico para muchos. La realidad es que experimentar Ocarina of Time, como muchos lo hicimos en su momento, es muy complicado. La idea de jugar a la mitad de la noche, en un cuarto a oscuras que solo es alumbrado como la pantalla de una CRT, la cual le da vida a lugares como el Forest Temple, es solo un recuerdo. De esta forma, el remake no solo nos ofrece una actualización visual sustancial, sino que permite que un nuevo público sea capaz de crear sus propias memorias al explorar un Hyrule mucho más hermoso.

El mundo que nos presenta Nintendo en esta ocasión es sublime. La concepción de que este remake es simplemente Ocarina of Time en Unreal Engine 5 es completamente errónea. Sí, los desarrolladores han tomado una aproximación más realista a esta versión de Hyrule, pero aún encontramos una dirección de arte muy clara que le otorga una personalidad marcada a cada pueblo que visitamos y personaje con el que interactuamos. La idea de que estamos frente a una obra de teatro, algo que estaba presente desde la entrega original, cobra forma de tal manera que es simplemente imposible no asombrarse con la manera en la que el Switch 2 nos transporta a una versión mejorada del recuerdo que muchos tienen.

El remake de Ocarina of Time nos presenta un mundo que combina efectos visuales, iluminación, partículas y un ambiente más realista, con escenarios que parecen creados con cerámica y personajes que toman inspiración de las marionetas tradicionales. Esto no crea algún choque, sino que le da a esta versión de Hyrule su propia identidad, incluso cuando el esqueleto es el mismo que vimos en 1998. La estructura de muchos lugares se mantiene, pero hay otras locaciones que se dieron la libertad de presentar modificaciones que, si bien no cambian sus intenciones originales, sí se sienten como actualizaciones contemporáneas de nuestros recuerdos. 

A esto se le suma una gran atención al detalle que le da vida a este mundo. Las túnicas de Link, por ejemplo, ahora tienen ondulaciones y diferentes texturas que hacen referencia a los Gorons y Zoras. El escudo de Kokiro tiene una corteza mucho más marcada, dejando en claro que este ítem sí era parte del Great Deku Tree. Hay un sinfín de elementos que han sido retrabajados para elevar de forma sustancial lo que encontramos en el Nintendo 64, ofreciendo una extensa actualización visual que nos transporta al Hyrule con el que muchos crecimos.

En los templos encontramos bruma que deja en claro que somos los primeros en explorar estos lugares en años. En Lost Woods hay una capa de neblina tenue que crea la sensación de que estamos caminando por un sueño. La iluminación hace que los amaneceres y atardeceres en el Hyrule Field sean extremadamente reales, al grado de que quedarse quieto para ver al sol moverse es uno de los momentos más mágicos de este remake. Aquí es importante destacar la exploración del Hyrule Castle Town sin una cámara fija, permitiendo que sea mucho más fácil apreciar la atención al detalle en este pueblo y la forma en la que sus habitantes viven su día a día.

A la par, el remake elimina muchas pantallas de carga, pero mantiene otras con el objetivo de crear la sensación de que, al movernos de escenario, el título cambia de escenografía como lo haría una obra de teatro. Por si fuera poco, esta versión presenta un mejor lenguaje visual. Claro, algunas conversaciones conservan su estructura tradicional, pero otras nos ofrecen movimientos de cámara sutiles que le dan un mayor dinamismo a momentos que, en la entrega original, no eran sobresalientes. Sin embargo, las estrellas aquí son las cinemáticas. Una vez más, el esqueleto sigue siendo el mismo que vimos en 1998, pero ahora encontramos nuevos ángulos, tomas que nos dan un mejor vistazo a la acción, y una cámara que está dispuesta a darle énfasis a ciertas acciones o expresiones. 

A esto se le suma un gran rendimiento. El remake de The Legend of Zelda: Ocarina of Time corre a 60fps en todo momento, y no hay un solo instante en el que el título no cumpla con este objetivo. Parte de estos se debe a que la aventura cuenta con una resolución de 1080p, aunque los menús alcanzan 1440p. El resultado es espectacular, con una calidad de imagen impresionante, una buena distancia de dibujo y muy pequeñas cargas de texturas en el Hyrule Field, pero nada que sea tan notable.

Nintendo ha realizado un trabajo magistral al momento de darle nueva vida a este mundo y sus personajes. Si bien el Hyrule que todos recordamos de 1998 ya no existe, o al menos es muy difícil de recrear, esta versión de The Legend of Zelda: Ocarina of Time permite que todos los jugadores puedan explorar un ambiente mágico, en donde aspectos realistas y una dirección de arte muy marcada ayudan a que el público más joven pueda recorrer este escenario con asombro, mientras que los veteranos apreciarán la puesta en escena que nos transporta a una época más simple.

El poder de la ocarina

Similar a su presentación visual y su historia, el apartado sonoro de The Legend of Zelda: Ocarina of Time es icónico. Tanto el diseño de audio como las composiciones originales de Koji Kondo están impregnados en la mente de toda una generación y han expandido su alcance al aparecer en múltiples entregas de la serie. De esta forma, el remake sigue un camino similar al resto de sus apartados y se encarga de ofrecer una actualización sustancial, llena de detalles que muchos van a apreciar, y agrega voces para las cinemáticas, elevando aún más la historia.

La música que todos recordamos sigue presente en el remake. Cada pieza crea una atmósfera única que le da forma a esta versión de Hyrule. Desde la rimbombante tonada del Hyrule Field, pasando por la agresiva composición que encontramos en las batallas contra jefes, hasta las atmosféricas canciones que nos acompañan en los diferentes templos. Todo esto se mantiene intacto, pero con la inclusión de una orquesta que le da nueva vida a cada melodía. A la par, el título nos presenta una serie de detalles interesantes, como el hecho de que hay una transición mucho más clara entre los temas de los calabozos y la pieza que acompaña a los combates que le ponen fin a estas secciones. 

Esto también significa que cada una de las canciones de la ocarina está de regreso, y se escuchan tal y como muchos las recordamos. Estas son composiciones cortas que, en la época de niño, funcionan como un ancla emocional a diferentes lugares y personajes, mientras que en la era de adulto expanden nuestro horizonte y son capaces de contar pequeños relatos que nos hablan de una extensa historia de la cual somos ajenos. Notablemente, el remake de Ocarina of Time permite que uses el micrófono del Switch 2 para tararear cada tonada, algo que puede sonar ridículo, pero es necesario hacerlo al menos una vez.

Como novedad de este remake, se han agregado nuevas versiones de múltiples canciones una vez que cae la noche. En el lanzamiento original, una vez que oscurecía, el título nos presenta con fondos ambientales acompañados del ocasional silencio. Sin embargo, en esta ocasión encontramos composiciones más calmadas que mantienen el trabajo original, pero con un ritmo lento que acompaña al jugador en momentos clave. Esto significa que llegar a Gerudo Valley junto a la luz de la luna nos ofrece una guitarra mucho más tranquila que conserva la esencia del trabajo que todos recordamos. 

A la par, el diseño de audio, los efectos sonoros y las pequeñas melodias que todos recordamos siguen presentes en el remake. A diferencia de las composiciones principales, en donde claramente se puede notar una actualización, aquí no vamos a encontrar muchos cambios en comparación con la entrega original, aunque aún nos transportan a un reino medieval lleno de magia, en donde el peso de la espada de Link y la forma en la que choca contra el hueso de los Stalfos o la armadura de un Iron Knuckles es casi tangible.

Notablemente, aquí es donde encontramos uno de los agregados más importantes del remake de Ocarina of Time, ya que esta versión nos presenta con voces para las cinemáticas principales. Aquí tenemos un fantástico elenco que cumple a la perfección el rol que tienen en las manos. Cabe destacar a Matthew Mercer, quien le vuelve a dar vida a Ganondorf de una forma capaz de intimidar a cualquiera. Si bien la inclusión de este elemento puede arruinar una sorpresa en particular, es indiscutible que este apartado es excepcional, elevando la historia y permitiendo que la aventura logre conectar con un mayor público.

Una vez más, el remake de The Legend of Zelda: Ocarina of Time trabaja sobre un esqueleto muy conocido, uno muy sólido. Esta versión no cambia lo que aquí ya estaba presente. En su lugar, las composiciones, voces y el diseño de audio mejorado se encargan de elevar aún más la ya de por sí sobresaliente presentación. El resultado es especial y algo que no puedo esperar para escuchar en un CD o vinilo.

Más que solo un recuerdo 

Queda claro que el remake de The Legend of Zelda: Ocarina of Time nos presenta con una labor visual y sonora sustancial, expandiendo de distintas formas el trabajo original para elevar la experiencia de una manera que deja en claro que han pasado casi tres décadas desde el lanzamiento original. Sin embargo, cuando hablamos del gameplay, esta entrega mantiene intacta la estructura, la progresión y gran parte del diseño que vimos en el N64. Aun así, aquí encontramos una serie de modificaciones que van desde muy notables, como el hecho de que Link ahora puede correr y saltar a voluntad del jugador, hasta secciones que han sido retrabajadas de tal forma que muchos no notarán.

Aspectos como el sistema de combate siguen siendo los mismos que encontramos en el clásico de N64. Esto significa que, dependiendo del enemigo, entramos en una danza en donde cada combatiente espera su turno para atacar o, con criaturas pequeñas, Link puede simplemente golpear a su rival hasta obtener la victoria, todo por medio del famoso Z-Targeting. Notablemente, la selección de ítems por parte del C-Buttons ha desaparecido. En su lugar, aquí tenemos la barra de selección que hemos visto desde Breath of the Wild. Afortunadamente, el compendio en esta ocasión no es tan grande, por lo que no hay necesidad de buscar y buscar cierto objeto en una lista interminable, como sucede en Echoes of Wisdom. 

Junto a esto, las botas se pueden equipar con tan solo presionar el botón indicado en el D-Pad. Esto hace que atravesar el Water Temple sea menos pesado, ya que no tendrás que ingresar a un menú constantemente. Eso sí, aún es necesario realizar este proceso para cambiar de túnica y espada. Todo esto hace que la experiencia tenga un mejor ritmo al momento de explorar Hyrule y conquistar cada calabozo. Sin embargo, la estructura es idéntica a la que vimos en su momento. Aún vamos de dungeon en dungeon, obteniendo ítems que nos permiten derrotar a los jefes y acceder a diferentes partes del mundo. 

De igual forma, las misiones secundarias siguen siendo las mismas. Notablemente, algunos de los coleccionables sí han cambiado de lugar. Aunque la mayoría de las piezas de corazón y skulltulas doradas aún conservan sus ubicaciones originales, hay un par que se han movido, dándole un pequeño toque de variación que los veteranos podrán apreciar. A la par, el mapa general de Hyrule ahora te indica cuántos de estos objetos has recolectado en diferentes zonas. 

Todos estos y más detalles adicionales hacen que la experiencia sea más amena y muchos jugadores veteranos podrán notar cuándo una pieza de corazón no está en el lugar que recuerdan o que atravesar el Water Temple es más rápido. A la par, a lo largo del mundo hay pequeños mensajes de hadas que sirven como consejos, algo que no tiene mucho peso, pero sí le da una mayor personalidad a este Hyrule. Sin embargo, los verdaderos cambios serán imperceptibles para muchos, ya que el remake de The Legend of Zelda: Ocarina of Time también modifica el diseño de ciertos acertijos y calabozos, pero mantiene intacta la esencia y el objetivo de estos retos.

El hecho de que Link pueda saltar y correr con presionar un solo botón modifica qué tan rápido puedes llegar a cierta zona y cómo es que atraviesas algunas de las secuencias de plataformas. Por ejemplo, Ocarina of Time cuenta con un par de cuartos en donde el objetivo es recolectar cristales para abrir puertas, los cuales en el remake son más fáciles de superar, ya que ahora no es necesario posicionarse de tal forma para obtener uno de estos ítems que parecen estar fuera de tu alcance. Ahora simplemente saltas a voluntad y listo. 

De igual forma, algunas secciones que, en la versión original estaban destinadas a enseñarle al jugador cómo atravesar un mundo en 3D y manejar la cámara, han sido sustituidas por retos en donde la habilidad de saltar y correr toman el escenario principal. A la par, ciertos cuartos han sufrido de un par de modificaciones menores que mantienen su objetivo intacto, como presionar un botón o derrotar a cierto enemigo, pero algunas plataformas han desaparecido o alguna barrera ha sido sustituida por un brinco que tienes que dar. Para aquellos que no han jugado Ocarina of Time en años, todos estos cambios serán difíciles de notar.

A la par, el remake de The Legend of Zelda: Ocarina of Time cuenta con dos agregados muy notables. El primero es el Hall of Fallen Foes, una zona completamente nueva en donde puedes volver a pelear contra enemigos y jefes que ya derrotaste, dándote la oportunidad de realizar un boss rush. Junto a esto, tenemos acceso al Thread of Time, la cual funciona como una pequeña guia que te indica tu progresión de las misiones principales y secundarias. 

Este remake no es una reimaginación directa, pero tampoco nos presenta cambios radicales que modifican la estructura y los sistemas que aquí encontramos. Sí, hay múltiples variaciones, pero la esencia de la experiencia está intacta. Este sigue siendo un juego de aventuras y acertijos en donde cada muro se atraviesa, ya sea derrotando a enemigos y jefes, recolectando ítems, o utilizando tus herramientas para resolver un reto mental. Todo esto crea un ritmo que no hemos visto en mucho tiempo. Ocarina of Time es una experiencia directa en donde constantemente exploras nuevas zonas, interactúas con personajes memorables y superas obstáculos que te dan una gran sensación de superación.

Claro, se puede argumentar que todo lo que hace especial a este remake ya estaba presente en el lanzamiento original y, hasta cierto punto, eso es cierto. Por un lado, esto nos habla sobre el gran diseño que ya estaba presente en 1998, pero no hay que dejar de lado que esta nueva versión también realiza una serie de modificaciones que hacen que la experiencia sea mucho más amena para los estándares actuales, acercando a un nuevo público a este clásico y permitiendo que los veteranos regresen a un lugar mágico.

Si bien es cierto que el remake de The Legend of Zelda: Ocarina of Time piensa mucho en los jugadores nuevos, el título no se olvida de los veteranos. Muchos aún recordamos la primera vez que experimentamos esta aventura. Hyrule era enorme, un mundo vasto, lleno de posibilidades y misterios por descubrir. Cualquiera que jugó el clásico tendrá una historia sobre cómo se perdió en el Water Temple, o un recuerdo de ver a Sheik por primera vez. Sin embargo, todas estas son memorias que no se replican en esta ocasión, y no hay algo de malo con eso.

Para muchos, el remake de The Legend of Zelda: Ocarina of Time será cómo regresar a la casa de su infancia o primaria. Lo que en un momento fue todo un mundo, ahora es algo pequeño. No solo hemos crecido, sino que muchos nos hemos expuesto a más juegos. Esto no significa que el trabajo de Nintendo sea obsoleto, sino que estamos ante una cápsula del tiempo, una que se ve y se juega mucho mejor de lo que recordamos. 

Aunque el remake de The Legend of Zelda: Ocarina of Time utiliza un sólido esqueleto que aún vale la pena experimentar hoy en día, esta nueva versión realiza múltiples cambios a diferentes escalas enfocados en hacer que este título sea más ameno. La habilidad de saltar y correr, las modificaciones a los calabozos y las ayudas para seguir tu progreso son un fantástico agregado, pero nada cambia de forma significativa la estructura y la intención original. El resultado será para muchos, la versión definitiva de esta experiencia y, para otros, un fantástico regreso al reino que ocupó un lugar especial en nuestros corazones.

La definición de un clásico

Reimaginar un clásico es una tarea titánica. Un solo error puede arruinar una de las experiencias más icónicas de este medio. Sin embargo, el remake de The Legend of Zelda: Ocarina of Time logra su objetivo: darle nueva vida a uno de los títulos más importantes en la historia de Nintendo. La aventura que todos recordamos sigue presente aquí, aunque con un par de cambios en el guion y una presentación que eleva de forma sustancial la narrativa que definió a esta serie por años.

El gran trabajo de este remake se encuentra en el apartado visual. Esta es una labor de primer nivel, logrando mantener intacta la esencia del mundo original, pero ahora con una actualización sustancial que le da nueva vida a cada rincón de Hyrule. La dirección de arte, la composición de las cinemáticas y la atención al detalle hacen que esta tierra supere nuestros recuerdos, llevando a todos los jugadores a un futuro muy prometedor para esta franquicia. Todo esto acompañado de un fantástico rendimiento.

Similar a la presentación visual, el apartado sonoro ha sido retrabajado de forma sustancial. Si bien las composiciones originales siguen presentes, aquí encontramos versiones orquestadas que le rinden homenaje a la labor de Koji Kondo. A la par, la inclusión de voces para las cinemáticas más importantes hace que la narrativa llegue a nuevos niveles.

El remake de The Legend of Zelda: Ocarina of Time tiene muchos cambios que, dependiendo de qué tan familiar seas con el trabajo original, vas a notar o ignorar. Sin embargo, la intención se mantiene intacta. Agregados como la posibilidad de saltar y correr, el cambio inmediato de ítems y un mejor manejo de información hacen que atravesar Hyrule tenga un gran ritmo. A la par, el Hall of Fallen Foes es un gran agregado que te permite demostrar tus habilidades con el sistema de combate. 

Todo esto hace que el remake de The Legend of Zelda: Ocarina of Time sea una experiencia imprescindible para todos los usuarios del Nintendo Switch 2. Estamos ante una versión mejorada de lo que para muchos es el mejor videojuego de todos los tiempos. Es un viaje lleno de nostalgia para los veteranos y una aventura mágica para los nuevos jugadores. Este es un clásico en toda la extensión de la palabra.

Sebastian Quiroz
Sebastian Quiroz
27 años. Editor en Atomix.vg. Consumidor de la cultura pop.
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